Atole con el dedo a Mexicana

el . Publicado en Mexicana de Aviación

Hace unos días, en voz del subsecretario de Infraestructura, Fausto Barajas, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes exigía acelerar
la designación de la empresa que entraría al rescate de Mexicana de Aviación, en lo que parecía un manotazo en la mesa frente a una feria de
aplazamientos.

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el_universalAlberto Barranco

La paradoja del caso es que en lo oscurito los altos funcionarios de la propia dependencia hablan de una empresa apestada. “Nadie quiere a Mexicana”, dice la supuesta neta frente a quien quiera escucharla.

Y la paradoja del caso es que, criticada acremente la decisión del administrador y conciliador de la línea aérea en concurso mercantil, Gerardo Badín, de estirar el último plazo fatal acordado, es decir, el 27 de mayo, la SCT mantiene exigencias que ninguna de las tres empresas en la recta final está en posición de cubrir.


Estamos hablando, prácticamente, de exigir billete sobre billete los 250 millones de dólares reclamados como capital mínimo para regresar a las
pistas.

La intención, naturalmente, es no exponerse a otro ridículo como el derivado del frustrado intento de PC Capital, a quien se le habían
otorgado todas las bendiciones oficiales, en un escenario en que los fiascos son el pan de cada día del gobierno del presidente Felipe Calderón.

 

La mula, diría la lógica, no era arisca.

Lo inaudito del asunto es que semanas después de ser llevado a la picota, con amenaza de demandarla por haber mosqueado la mercancía
durante meses, hete aquí que PC Capital recibió los recursos.

El milagro se inició justo cuando el gobierno le dio el sí definitivo a su propuesta, lo que activó la maquinaria para hacer efectivas las
cartas de crédito que había exhibido.

En el círculo vicioso, pues, mientras no se designe al vencedor de la pelea, los papeles serán sólo papeles. Y si éstos no se convierten en
billetes, no hay designación. Se diría, pues, que la apuesta oficial encubierta apunta a la quiebra de la compañía pionera de la aviación
comercial en México, en lo que pareciera una estrategia para favorecer a Aeroméxico y su filial Aeroméxico Connect, Interjet y Volaris.

De hecho, desde el inicio del sexenio la línea ha sido hacia el beneficio de las dos últimas compañías, a quienes se subsidió
indirectamente para abrir al escenario a la oferta alterna del aeropuerto de Toluca.

Bajo el mismo prisma se inscribe la cadena de obstáculos colocada para impedir el regreso a las pistas de Aviacsa, incluso a soslayo de
pisotear los acuerdos que le permitieron salir del concurso mercantil en que se ubicaba.

Colocada en línea de despegue desde hace tres meses, la empresa aérea se atoró en la exigencia de Aeropuertos y Servicios Auxiliares y el
aeropuerto capitalino de finiquitarle de golpe adeudos que se habían colocado en la masa crítica del concurso mercantil.

Lo grave del caso es que sin la presencia de Mexicana y Aviacsa el mercado se ha desequilibrado, al punto de implantarse en el país las
tarifas más altas en América Latina.

En la rebatiña tras la salida de las empresas, la competencia se adueñó de las rutas en las que era reina, colocándose en posición de imponer
tarifas.

De hecho, el gran despegue de Interjet, a cuya vera está logrando colarse como emisor de la Bolsa Mexicana de Valores, llegó justo tras
las heridas que colocaron en ruta de colisión a Mexicana y Aviacsa.

A su vez, Volaris, aunque resultó de las pocas empresas que no recurrió a la oferta de créditos del Banco Nacional de Comercio Exterior tras la
puesta en escena de una exagerada alerta roja por la epidemia de influenza AH1N1, logró consolidar su tercer lugar de mercado en la
coyuntura.

Naturalmente, Aeroméxico se libró de un escenario de quiebra bajo la misma ruta.

Por lo pronto, la apuesta del gobierno apunta a quebrar a Mexicana, aunque se diga lo contrario.