Mexicana, no todos pierden

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Claudia Villegas

Mexicana de Aviación se reafirma como una verdadera papa caliente para el gobierno federal. Al menos, por ahora, es un hecho que no habrá rescate. No con dinero público. Sin embargo, allí están los trabajadores damnificados de la mala gestión empresarial de Gastón Azcárraga —un problema social — y allí está la deuda con el Bancomext, a cargo de Héctor Rangel Domene. Por eso, para el gobierno federal será un verdadero dilema el desenlace de esta historia.

 

De llegar la quiebra, serán los trabajadores a quienes se les deberá responder en primer lugar a partir de la liquidación de activos, tal y como la manda la Ley de Concursos Mercantiles. Después de ello, puede pensarse en otros acreedores —extranjeros y nacionales — y allí estará la banca de desarrollo que apoyó a un empresario y a una compañía con la que se buscaba impulsar la competencia en el mercado de la aviación comercial. Esa fue la lógica del préstamo al grupo que dirigía Azcárraga. En la Cámara de Diputados, a pesar del decreto aprobado ayer para garantizar los legítimos derechos de los clientes afectados por la crisis de Mexicana de Aviación, los legisladores no pueden ignorar que la Ley de Concursos Mercantiles marca tiempos y derechos para el pago de adeudos en una quiebra.

Sin embargo, será en los próximos días cuando se conozca el destino de esta aerolínea que, sin duda, le hace falta a la industria y a los consumidores. Por ahora, quienes ganan, además de Aeroméxico, que lleva Andrés Conesa, son las cadenas de hoteles como Camino Real, de Olegario Vázquez Raña, que han acelerado las tradicionales alianzas con la aerolínea que encabeza el mercado. Grupo Posadas le apostó a generar su propia alimentadora con la integración de Mexicana y hoy también paga las consecuencias que hacen lógica su venta.